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Hace cinco años, las elecciones europeas de 2009 supusieron para el PP un punto de inflexión definitivo a nivel nacional que le llevó a arrasar en las elecciones autonómicas y a llegar a La Moncloa a finales de 2011. Ahora las cosas han cambiado, el PP se ha visto obligado en sus propias palabras a incumplir su programa electoral, a llevar medidas impopulares, el caso Gürtel pasó de ser una trama que aparentemente estaba localizada en Valencia a un caso de gigantes proporciones que ha acabado protagonizado por su ex tesorero, Luis Barcenas.
El debate territorial más presente que nunca en la vida política con el presidente de la Generalitar, Artur Más amenazando con convocar una consulta soberanista, la izquierda abertzale y aliados son ahora la segunda fuerza política de Euskadi, los escándalos en las antiguas cajas de ahorro siguen ocupando las primeras páginas de periódicos y van en aumento y todo acompañado de una crisis económica que no se acaba nunca para el ciudadano medio, que en muchos casos no encuentra trabajado o bien se le ha bajado el sueldo o bien ha perdido su casa o bien el Estado le ha dejado de cubrir parte de sus necesidades.
La situación del partido no es que este ahora en sus mejores momentos, el PP de Andalucía sigue sin un líder definitivo, el presidente de Murcia, Ramón Luis Valcárcel se va y la ley del aborto de Alberto Ruiz Gallardón ha provocado un gran debate en el partido y si bien la mayor parte de las encuestas aseguran que la formación mantendría el poder a nivel nacional aunque sin mayoría absoluta, si empiezan a detectar la perdida de la mayoría absoluta en territorios tan importantes como la Comunidad Valenciana o Madrid, lo que supondría automáticamente la llegada de gobiernos de coalición de izquierda a los que se podrían sumar fuerznas nacionalistas, al menos que el crecimiento de UPyD lo impida.
A todo esto se le añade la renuncia del que ha sido dos veces cabeza de lista, Jaime Mayor Oreja a ser candidato, lo que se ha interpretado en los medios de comunicación como un producto de un desacuerdo de este y un sector del partido afín a él con la política del gobierno en materia territorial y antiterrorista. Esa misma posible discrepancia ha llevado a la creación por parte de tres hasta ahora figuras destacas del PP, Aleix Vidal Quadras, Santiago Abascal y José Antonio Ortega Lara, de un nuevo partido, VOX, de tinte más conservador.
El nuevo proyecto ofrecerá posiblemente un discurso más contundente contra el terrorismo de ETA y sobre todo contra su entorno y radicalmente mucho más centralista ya que mientras partidos como Ciudadanos y UPyD plantean la recentralización de competencias, la nueva formación conservadora es partidaria en suprimir el Estado de las Autonomías, asumiendo su ideario la necesidad de llevar a cabo reformas en el sistema electoral y judicial, así como en los órganos de control.
A primera vista, la nueva formación tiene un ideario que haría más la competencia a los partidos de Albert Rivera y Rosa Diéz, pero entre sus objetivos se encuentra “defender y promover la cultura de la vida”, es decir una posición más anti abortista de la que tienen estos partidos, así parece que por las personalidades que han fundado el partido así como por su ideario, el partido posiblemente capte una buena bolsa de votos procedentes de sensibilidades cristiano demócratas y liberales y sobre todo de todas aquellas personas que apostaron por él PP, que se sienten decepcionados por la gestión de Mariano Rajoy y a los que los nuevos líderes de la formación les transmiten la suficiente confianza para cambiar de formación.
Quedan pues cuatro meses para saber si este partido se convertirá en un pequeño chino en el zapato, un bache, que no obtendrá representación en el Parlamento Europeo y que como mucho quitará los votos suficientes al PP para impedir que pueda ser el ganador de las próximas elecciones o bien con independencia de si obtiene representación en el Parlamento Europeo o no, en el posible inicio de una ruptura en el centro derecha español entre su alma más liberal y su alma más demócratacristiana o más bien entre dos formas de combatir al nacionalismo, una partidaria más de “bajar el nivel” de tensión y otra que apuesta por emplear una mayor contundencia en la respuesta ante los desafíos soberanistas así como en la gestión del post terrorismo.
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